Nocturno n.1 Op. 1
Es difícil imaginar que el Dolor y la Belleza encarnen el uno a la otra. No fue difícil para Ellos identificar esta aparente contrariedad de nuestro espíritu y al parecer la tuvieron siempre como algo renovador. No digo en absoluto que ellos hayan concebido esta dualidad de roles como tal (que una cosa pueda encarnar a aquella otra que la encarna), creo más bien que para Ellos siempre fueron una y la misma cosa.
Una noche, sentado al piano Chopin llora. Afuera llueve. Las gotas caen sobre el techo de fina madera de su cabaña y el sonido que producen al chocar contra él se hace uno con su llanto. No puede remontar su llanto a un recuerdo en particular, su tristeza es simplemente tristeza. Inquieto como está, sin motivo aparente, camina con prisa a lo largo de la única habitación que compone la casa. Su andar es tan violento como el golpe de las gotas, le falta el aire. Se sienta al piano, intenta un par de melodías pero no es acogido por ninguna. El aire le parece cada vez más escaso y sus pasos son ahora tumbos. Le parece que la cabaña gira a miles de revoluciones porque aunque a tumbos sabe que aun se mueve hacia el frente. Finalmente cae y se recoge sobre sí mismo. La luz ha cambiado su tono, como si el mismo aire le faltara a las llamas que la producen. Cuando la luz parece a punto de extinguirse y la ausencia de aire está por asfixiarlo estalla desde sus entrañas un grito que inunda su garganta y se extiende hasta su boca. Un cálido y profundo silencio se apodera de todo, un profundo silencio hijo del grito detuvo la lluvia y el llanto. El silencio se pronlonga por unos instantes, los suficientes para empezar todo de nuevo. Nunca supo cómo llegó al piano, cada cosa le parece una extensión de todo lo demás. El hombre desaparece y es reemplazado por una hermosa y cadente melodía. No es posible determinar si la lluvia realmente se detuvo o simplemente permanece muda para permitir que la melodía que antes era un hombre se extienda hasta el infinito haciendo vibrar el piano, éste el aire a su alrededor, éste la cabaña, ésta las gotas de lluvia, y éstas finalmente todo lo demás.
Nota tras nota se va concatenando una melodía que termina por llenarlo todo. La angustia y el dolor son redimidos en una armonía que se prolonga hasta los confines del Cosmos y que en forma de acordes renueva todo a lo largo de su recorrido.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home